EL JUEGO DE WALL STREET ¿Sigue vigente un texto de 1898 en los mercados actuales?

 

El juego de Wall Street está escrito en 1898, y sin embargo prácticamente todo lo que se dice en él suena de plena actualidad al lector actual que tenga una mínima experiencia en los mercados financieros. Y más aun a aquellos que tienen como filosofía de trading el análisis del precio y el volumen que instituyeron grandes traders casi contemporáneos de Hoyle como fueron Livermore, Wyckoff o Neill. Cuando se han leído textos de cada uno de ellos uno no puede más que concluir que todos ellos tuvieron acceso al libro de Hoyle.

La clave de porqué esto es así seguramente nos la da Jesse Livermore, a través de su biógrafo oficioso Edwin Lefèvre, cuando en el capítulo 19 de las “Memorias de un operador de bolsa” hace una disertación sobre los grandes titanes de la especulación del siglo XIX.

Pone Lefèvre en boca de Livingston (el socias de Livermore en el libro) que es inútil estudiar las tácticas concretas de mercado que utilizaron los grandes monstruos financieros del siglo XIX, porque las características del mercado que ellos vivieron eran muy distintas a las que ya se daban en la época de Livermore (principios de siglo XX) y seguramente intuía ya Hoyle a finales de XIX. El mercado donde actuaron estos grandes especuladores había sido un mercado dominado por los profesionales de la especulación y los grandes titanes de los negocios: Vanderbild, Carnegi, Keene, Gould, y un largo etc. Una oligarquía industrial que manejaba a su antojo los mercados de principio a fin porque ellos eran el mercado. El público general tenía poco que decir  porque su presencia era todavía escasa. Tendría que pasar todavía más de medio siglo para que la popularización y explosión de los mercados financieros alcanzara los niveles a los que llegó a principios del siglo XX. Era un mercado donde en realidad muy pocas empresas negociaban sus acciones en las bolsas oficiales y más en concreto en la NYSE, y ésta todavía no tenía el papel preponderante y centralizador de las finanzas mundiales que alcanzaría a partir del momento en que la introducción de determinados avances técnicos (el telégrafo, el ticker y el teléfono)  dieran un giro radical a los mercados financieros

Sin embargo, una cosa es el estudio de las tácticas de trading de aquellos hombres, y otra muy distinta el estudio de los factores humanos que propiciaban que dichas tácticas tuvieran éxito, el estudio de la facilidad con que las personas creen aquello que les complace y como se dejan influir por la avaricia y el miedo, el estudio científico del temor y la esperanza, dos constantes de la naturaleza humana que hacen que su estudio, el estudio de la psicología del especulador en definitiva, sea la clave del funcionamiento del mercado.

Así, Hoyle advierte a sus contemporáneos que “el mercado está manipulado” en el sentido de que los profesionales no van a arriesgar su dinero,cientos de miles de millones,  en un juego de puro azar o a dejarlo en manos de la aleatoriedad, o de la ley de la oferta y la demanda, sino que estos profesionales van a explotar en su beneficio la forma en que la naturaleza humana se refleja en el mercado, porque a la par de ser unos genios de las finanzas y del comercio, son unos profundos estudiosos de dicha naturaleza, pues al fin y al cabo el arte de la especulación no es más que un profundo y exhaustivo estudio científico de la naturaleza del hombre  y como aprovecharse de sus debilidades y sesgos en el mercado.

Es evidente que los mercados actuales tienen poco que ver con los existentes en 1898: a nivel tecnológico, de número de participantes, de volumen de activos, de volumen de contratación, de ámbito geográfico, etc. Pero pueden haber cambiado las formas, los medios, la velocidad, los instrumentos, al final el juego sigue siendo el mismo: comprar y vender, ofertar y demandar, la interacción de operadores humanos (o programados por humanos) en un juego de suma cero. Hoy, como ayer o como anteayer, y seguramente como mañana y pasado mañana, existirán profesionales y manos fuertes con recursos y medios suficientes para explotar y manipular las emociones y la psicología de  los operadores amateur (y no tan amateur) o manos débiles con el fin de evitar que los cientos de miles de millones que exponen al mercado queden en manos de la aleatoriedad o las leyes puras de la oferta y la demanda.

En definitiva, utilizando la analogía del gran José Luis Cárpatos, leones y gacelas no se han extinguido de la jungla financiera a pesar de los avances y los cambios sufridos. El miedo y la avaricia, la esperanza y el autoengaño siempre serán los motores esenciales de la mayor parte de los participantes del mercado.

Por eso sigue teniendo plena validez casi todo lo dicho por Hoyle. Por eso siguen siendo válidas las palabras de Livermore : nada ha cambiado ni nada cambiará nunca en los mercados financieros, porque están formados por hombres y son reflejo de la naturaleza humana y sus emociones que al final siempre se manifiestan en forma de inteligencia.

La prueba está en que las mismas tácticas y estrategias que explicaba Hoyle en 1898 siguen siendo aplicadas con el mismo éxito en los mercados del siglo XXI.

El juego de Wall Street: y cómo jugarlo con éxito

 

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